19.12.13

Telemendigueo navideño

Se acercan las vacaciones navideñas y lo único que pienso es en la flojera que me da salir de la ciudad, viajar a visitar a mis padres… viajar… un tema que a muchos les emociona a mí me parece una lata, salir de mi preciosa rutina para ir a visitar otra ciudad jaja, la sola idea me abruma, cosa que discrepa enormemente con la ideología aventurera – y quizás jovial e inocente- que alguna vez tuve en mi adolescencia.

A decir verdad las celebraciones navideñas y todo lo que implican no me interesan en absoluto. No niego que me agrada la idea de reunirme con mis seres queridos que no veo en todo el año –o a veces más-, pero sinceramente me agrada mucho más la idea de disfrutar esos pocos días de asueto en la soledad de mi casa, levantarme cuando el sol me despierte y tomarme un rompope caliente forrada entre cobijas en una fría mañana de diciembre. Creo que eso es lo que más aprecio de las vacaciones decembrinas.

Lo que sí no soporto es la mercadotecnia y el consumismo que existe al rededor de estas fechas. La gente pro-navidad alegará que es parte del show y que debemos dejarnos llevar por el frenesí de compras como lo mandan los sacrosantos medios de comunicación y casi sin poder defendernos comenzamos a pensar que así debe ser. Nos plantan la idea de que debemos ‘dar’ porque ese es el significado de la navidad, que en nuestro retorcido cerebro consumista significa ¡gastar!

Desgraciadamente el despilfarro no acaba ahí, también están los chantajes emocionales que los grandes corporativos usan para recaudar fondos –supuestamente- para los menos agraciados, y ahí va el bondadoso clasemediero a donar a los pobres corporativos para ayudarles así a deducir sus millonarios impuestos mientras ellos sólo se rascan el ombligo disfrutando de utilidades más gordas.

También he escuchado en varias estaciones de radio que están haciendo colectas de juguetes para niños de bajos recursos en esta navidad y consiste en que las mamás de los niños[1] redactan cartas dirigidas a un tal Sr. Clós pidiéndole humildemente un regalo para esta navidad. Por supuesto haciendo énfasis en que tienen mil hermanos, que sus papás no tienen sueldos seguros, o que no trabajan, que no les pueden comprar a todos, etc., cuando lo que realmente necesitan son métodos anticonceptivos más eficaces. En realidad todos tenemos necesidades. Si en verdad son familias ‘tan necesitadas’ lo que menos les preocuparía sería tener nuevos juguetes[2] para esta navidad. Otra vez el súper héroe clasemediero al rescate. 

Por más que trato de ver este acontecimiento anual desde una perspectiva imparcial, no puedo evitar que salte a la vista el enorme esfuerzo publicitario para quedarse con nuestro aguinaldo, los centros comerciales atiborrados de gente desde que inicia diciembre y el tráfico más denso aunado a ello. En todo caso lo mejor es mandar a las empresas trasnacionales por un tubo y comprarle a los pequeños comerciantes, negocios y artesanos locales.

Por mi parte intentaré dejar de lado esa flojera -al menos intentaré- y consideraré la posibilidad de ir este fin de semana a visitar a mi familia, porque sé que después me arrepentiré de no haberlo hecho. Siempre lo hago. Así aprovecho de asistir a la posada que mis primas han venido organizando durante meses y vivir el verdadero sentido de la navidad: ¡embriagarnos hasta quedar inconscientes!

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[1] La mayoría son niños de 2 a 4 años pidiendo modestos regalos como un triciclo nuevo, un castillo de la Barbie, un carro a control remoto.

[2] Las colectas de ropa me parecen más adecuadas en estos casos, o por qué no, hasta víveres no perecederos.

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