23.12.13

Buscando trabajo desesperadamente (parte III)

Apenas me había reincorporado al ambiente laboral en un despacho de consultoría ambiental a finales de octubre pasado cuando nos cancelan un proyecto grande para el siguiente año, dejándome con los días en cuenta regresiva para volver a formar parte de las estadísticas de desempleo en el país.

Es la desventaja de ser consultor independiente, la factibilidad de proyectos depende mucho de la economía mundial y de los precios tan fluctuantes de los metales, sobre todo en la industria minera que es normalmente la que más solicita nuestros servicios. Como a muchos mexicanos, puedo decir que me afectó directamente el royalty que el gobierno pretende cobrar sobre la utilidad en minería a partir del próximo año. ¡Gracias EPN! la porra te saluda.

Buscar empleo es la historia de mi vida laboral. Me hubiera gustado seguir el ejemplo de mi madre, trabajar una vida para la misma empresa y jubilarme relativamente joven para luego disfrutar de los nietos, tener un negocio propio y gastarme las utilidades en algún casino. Pero a veces las cosas no salen como uno quisiera. La situación es tan triste cada vez que estuve buscando -sin éxito- empleos en alguna dependencia ambiental del gobierno.

Luego me puse a buscar en los anuncios clasificados de un periódico local en donde el 70% de estos eran de personas ofreciendo sus servicios sexuales. Esto me recordó una entrada parecida a esta que escribí en mi blog viejo hace algunos años, aunque ahora con más madurez menos groserías. Miro en retrospectiva tal post, cuando era recién egresada de la maestría y regresaba de USA para incorporarme al mercado laboral mexicano –sí, así de triste como suena-. Desde esa época para acá he trabajado en empleos tan distintos que ya ni recuerdo.

Por ejemplo, de lo que irónicamente más me ha gustado, es ser profesora de universidad. Desde la secundaria me daban mucha lástima mis maestros y las bromas pesadas que les gastábamos y me convencí de que pase lo que pase ¡jamás sería maestra! Luego de estar trabajando en un centro de investigación en mi ciudad natal[1] en distintos proyectos, me salió la oportunidad de entrar a dar clases en una universidad local y muy en contra de mi voluntad tuve que aceptar pues no tenía muchas opciones de ingresos. Después de todo admito que lo disfruté mucho, enseñar a mis alumnos a nivel ingeniería a usar la calculadora científica[2] ha sido uno de mis mayores logros docentes jaja.

Continuando con los clasificados, encontré uno que al menos no implicaba despojarme de mis prendas íntimas y me llamó la atención su título que decía “Sé parte del Crecimiento Profecional”, así que por morbo decidí leerlo. Al terminar, me tomé la molestia de contactar al anunciante de inmediato a manera de troll diciéndole que no se escribe ‘profecional’ sino ‘profesional’, no es ‘ofresemos’ sino ‘ofrecemos’ y es ‘capacitación’ en vez de ‘capacitasión’. Omitiendo comentarios sobre su acentuación para no verme -ya de por sí- tan grammar nazy:

Anuncio empleo de El Imparcial corto
Lo mínimo que debe hacer alguien que está buscando candidatos para su empresa es escribir bien el anuncio. Es muy triste que gente con una educación tan limitada y tan pobre manejo del lenguaje sean nuestros reclutadores, jefes, superiores y por qué no, hasta nuestros gobernantes, pero más triste sería que acabara pidiéndole trabajo en la desesperación de mi situación económica. Por el momento sentencio que ese empleo es demasiado ‘profecional’ para mí.

Después de tanto buscar infructuosamente es cuando me pongo a reflexionar ¿para qué soy buena? ¿de qué podría subsistir en los próximos meses? Hay tantas cosas a las que me gustaría dedicarme pero con muy poca probabilidad de tener una remuneración decente. Por ejemplo, algo que siempre me ha gustado y nunca me he atrevido a hacer es aprender carpintería, siento que dedicarme a ello implicaría quizá tirar por la borda toda mi carrera en el área ambiental y han sido tantos años que me parece una pena. Otra, menos realista es pintar cuadros decorativos/comerciales/abstractos, sólo para vender, aunque soy más pesimista al respecto pues no creo que haya mercado suficiente al grado de poder subsistir de ello, quién sabe, quizá lo inicie sólo por hobby.

Otra de las cosas que me gustaría hacer es ponerme a escribir relatos de fantasía épica, quizá a manera de tiras cómicas. De cualquier modo tendré tiempo para hacer algunos bosquejos y tal vez luego comparta algo.

La verdad que no necesito mucho, mis gastos se reducen a pagar la escuela de mi hijo y tener la solvencia para comprarme alguna frivolidad de vez en cuando. Aunque sea un empleo de medio tiempo satisfaría mis necesidades económicas y me da chance de estar con mi hijo por las tardes.

Además no he quemado mi último cartucho: solicitar una beca de doctorado a CONACyT, pues he estado dejando esa opción como un pasaporte para salir de este país, pero creo que por fin este 2014 consideraré solicitarla. No lo quería hacer antes porque estudiar un doctorado -posgrado en general- en México es un suicidio laboral, en el mejor de los casos nos limitan a ser profesores investigadores[3] y las gran mayoría de las industrias no te contratan por miedo a que pidas un salario millonario o cambies de puesto rápido por insatisfacción profesional.

Ya veremos que nos depara este 2014, por supuesto esperando que sea mejor. Por lo pronto les deseo ¡fiestas tranquilas y felices!
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[1] Irónicamente, en mi ciudad natal es en donde he encontrado mayores oportunidades laborales para mi área que en el resto de las ciudades relativamente grandes en las que he vivido -en México-.
[2] Cosa que se requiere dominar antes de entrar a ingeniería.
[3] Con todo respeto a los profesores de tiempo completo, no es nada en contra sino que -por experiencia propia- en México se cierran muchas otras puertas a comparación de otros países.

19.12.13

Telemendigueo navideño

Se acercan las vacaciones navideñas y lo único que pienso es en la flojera que me da salir de la ciudad, viajar a visitar a mis padres… viajar… un tema que a muchos les emociona a mí me parece una lata, salir de mi preciosa rutina para ir a visitar otra ciudad jaja, la sola idea me abruma, cosa que discrepa enormemente con la ideología aventurera – y quizás jovial e inocente- que alguna vez tuve en mi adolescencia.

A decir verdad las celebraciones navideñas y todo lo que implican no me interesan en absoluto. No niego que me agrada la idea de reunirme con mis seres queridos que no veo en todo el año –o a veces más-, pero sinceramente me agrada mucho más la idea de disfrutar esos pocos días de asueto en la soledad de mi casa, levantarme cuando el sol me despierte y tomarme un rompope caliente forrada entre cobijas en una fría mañana de diciembre. Creo que eso es lo que más aprecio de las vacaciones decembrinas.

Lo que sí no soporto es la mercadotecnia y el consumismo que existe al rededor de estas fechas. La gente pro-navidad alegará que es parte del show y que debemos dejarnos llevar por el frenesí de compras como lo mandan los sacrosantos medios de comunicación y casi sin poder defendernos comenzamos a pensar que así debe ser. Nos plantan la idea de que debemos ‘dar’ porque ese es el significado de la navidad, que en nuestro retorcido cerebro consumista significa ¡gastar!

Desgraciadamente el despilfarro no acaba ahí, también están los chantajes emocionales que los grandes corporativos usan para recaudar fondos –supuestamente- para los menos agraciados, y ahí va el bondadoso clasemediero a donar a los pobres corporativos para ayudarles así a deducir sus millonarios impuestos mientras ellos sólo se rascan el ombligo disfrutando de utilidades más gordas.

También he escuchado en varias estaciones de radio que están haciendo colectas de juguetes para niños de bajos recursos en esta navidad y consiste en que las mamás de los niños[1] redactan cartas dirigidas a un tal Sr. Clós pidiéndole humildemente un regalo para esta navidad. Por supuesto haciendo énfasis en que tienen mil hermanos, que sus papás no tienen sueldos seguros, o que no trabajan, que no les pueden comprar a todos, etc., cuando lo que realmente necesitan son métodos anticonceptivos más eficaces. En realidad todos tenemos necesidades. Si en verdad son familias ‘tan necesitadas’ lo que menos les preocuparía sería tener nuevos juguetes[2] para esta navidad. Otra vez el súper héroe clasemediero al rescate. 

Por más que trato de ver este acontecimiento anual desde una perspectiva imparcial, no puedo evitar que salte a la vista el enorme esfuerzo publicitario para quedarse con nuestro aguinaldo, los centros comerciales atiborrados de gente desde que inicia diciembre y el tráfico más denso aunado a ello. En todo caso lo mejor es mandar a las empresas trasnacionales por un tubo y comprarle a los pequeños comerciantes, negocios y artesanos locales.

Por mi parte intentaré dejar de lado esa flojera -al menos intentaré- y consideraré la posibilidad de ir este fin de semana a visitar a mi familia, porque sé que después me arrepentiré de no haberlo hecho. Siempre lo hago. Así aprovecho de asistir a la posada que mis primas han venido organizando durante meses y vivir el verdadero sentido de la navidad: ¡embriagarnos hasta quedar inconscientes!

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[1] La mayoría son niños de 2 a 4 años pidiendo modestos regalos como un triciclo nuevo, un castillo de la Barbie, un carro a control remoto.

[2] Las colectas de ropa me parecen más adecuadas en estos casos, o por qué no, hasta víveres no perecederos.

16.12.13

Once a blogger, always a blogger!

Dicen por ahí que el hábito de escribir un blog es una espinita que uno no se puede sacar nunca y tal vez sea cierto, después de haber tenido mi blog anterior hace unos años me dieron ganas de volver a escribir en varias ocasiones pero fue hasta hoy que me decidí[1] a empezar de nuevo.

Ahora que no tengo internet tengo demasiado tiempo libre, he decidido hacer todas aquellas cosas insignificantes que me hacen tan feliz como ¡volver a pintar![2], estoy muy entusiasmada también con la jardinería desenfrenada –ahora desenfrenada por tener casa propia- jejej, también el hecho de sentarme en las tardes afuera de mi casa a ver a mi hijo llenarse de tierra, ver a mi cachorrita Emma meterse en problemas en los  jardines de los vecinos, ver cómo se esconde el sol detrás de mi casa mientras me tomo una cerveza -o dos, por qué no- jeje y una caminata nocturna.

Son cosas tan pequeñas las que me llenan, y aunque suene a cliché, el hecho de no tener internet por el momento me ha dado la oportunidad de valorarlas.

Es cierto que al principio era un infierno, me imagino a los adictos a alguna sustancia ilegal en la desesperación de no poder consumirla, y me comparo -de manera más leve claro-. En mi caso, mi celular me daba esas pequeñas dosis de internet que me mantenían conectada al mundo, como la manera de controlar un vicio y para no entrar en estado de shock por el súbito abstencionismo total; sin embargo, ya no podía hacer cosas como jugar videojuegos de la manera empedernida que lo hacía.

Ahora estoy mucho mejor, siento que tengo tiempo para todo. Como bien, duermo bien, dejé de sentir esos mareos y jaquecas que me daban por estar sentada tanto tiempo frente al monitor con nada más que refresco de cola y panecillos para calmar el hambre. Es muy cliché sí, y claro que en el fondo lo sabía, tanto vicio me estaba haciendo mucho daño, pero irónicamente no fue sino hasta que lo escuché de boca de mi terapeuta cuando me cayó el veinte. En ese momento dejé de ir a terapia, me di de alta y dejé de tomar el bendito prozac.

Quizá también la terapia forma parte de mi colección de actividades que tomo y dejo de un día para otro. Tengo ese pésimo hábito, las cosas me emocionan mucho y al día siguiente ya no me interesan… y quién sabe, quizá también el volver a escribir en blog sea pasajero, ¿qué más da? jajaj

Por lo pronto aquí va de nuevo.
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[1] Bueno, realmente no era la desidia y procrastinación que me caracterizan lo que me alejó de escribir por un rato, sino el vicio de los videojuegos que me ocupaba todo mi tiempo libre :/
[2] Aunque todavía estoy sujeta a disponer de la inversión mínima para comenzar a pintar desde cero, ya que con tantas cambiadas de casa en los últimos cinco años, ya no sé dónde quedaron mis óleos ni mis acrílicos :/